• Texto Natalia Páez; Ilustración Daniela Mancilla

El niño, la gallina y el chamán

Todos los días Moisés recibe a sus “pacientes” en ese “consultorio” con paredes llenas de humedad, que se encuentra al final de un pasillo oscuro por el que también se llega a la cocina y a unas escaleras que suben a dos pequeñas habitaciones. A lo largo del pasillo entre un sillón y una pequeña mesa caminan 2 gallinas, un conejo y un perro, quienes coexisten en armonía, ignorándose mutuamente; el perro es de raza chihuahua, se llama Piporro, como el personaje de aquellas películas mexicanas de los años 50’, las gallinas también tienen nombre de personajes del cine mexicano, las llaman guayaba y tostada; y aunque el pequeño de la casa, hijo de Moisés, insiste en llamar al conejo pelusa, el animal solo reacciona cuando llaman al perro Piporro.


El hijo de Moisés, quien obedece a la tercera generación con el mismo nombre tiene 5 años, ahora está sentado en el piso junto al sillón, jugando con un camioncito de bomberos que mueve hacia atrás y hacia adelante mientras hace un ruido similar a la sirena de emergencia; en ese momento llega una pareja que lleva en brazos a un bebé, la abuela los hace entrar e invita a esperar sentados en el sillón, el niño los mira y les cuenta que el camión es regalo de cumpleaños mi abuelita me lo regaló, la mujer dice es muy bonito al mismo tiempo que Moisés baja la escalera y saluda.


La mujer entrega el bebé al hombre que la acompaña y camina atrás de Moisés hacia el consultorio, ya ahí, rodeados de seres hechos con cerámica que miran fijamente a los pacientes, ramas de pirul*, fruta ya seca, caracoles, algodón, residuos de arroz y un olor entre incienso, pirul y humedad, entrega las herramientas de trabajo: 4 huevos, una veladora y un manojo de alfalfa; Moisés enciende la veladora al tiempo que dice algunas palabras inentendibles, toma algunas ramas de alfalfa y las pasa por la cabeza de la mujer quien cierra los ojos y junta sus manos en señal de rezo, cuando termina la sesión, Moisés dice: recuerda que vamos a necesitar del borrego para pedir a los Dioses por tu nuevo trabajo, ella mueve la cabeza en señal afirmativa, se despiden, hasta el otro mes entonces Moi. La pareja sale de la casa, Moisés saca la alfalfa a la pequeña zotehuela, la esparce para que se enfríe y que pelusa pueda comerla, regresa al consultorio y toma los huevos, los lleva a la cocina, la abuela le dice: ya tenemos muchos, ni comiendo diario nos los acabamos. Siéntense, vamos a comer, entonces pone en el plato quelites capeados con huevo.


Empieza a oscurecer, la esposa de Moisés enciende 4 veladoras al tiempo que pregunta ¿¿Qué pasó con el cumpleaños del niño, haremos la barbacoa?, el pequeño escucha y grita feliz sí! barbacoa!, entonces se levanta de la mesa, abraza a su gallina guayaba diciendo voy a dar consulta, los padres se miran entre sí y siguen comiendo.


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