• Texto & Foto: Eunice Lozada

Esquites Don Josué, patrimonio de la Narvarte

Más de una hora de espera en la calle para consumir unos esquites. Parecería una locura, pero a la gente en la fila no le importa porque en cada cucharada probarán un poco del patrimonio gastronómico de la colonia Narvarte.

Una tarde de 1977, Don Josué Maya llegó de Santiago Tianguistenco, Estado de México, e instaló su pequeño puesto de elotes y esquites en la esquina de Xola y Niño Perdido, en el entonces Distrito Federal. Llevaba consigo un fogón, una cazuela de barro y hojas de maíz para servir en ella una pequeña porción de esquites. Sus elotes eran pocos; todos cacahuzintle, es decir, de temporada, los vendía a centavos.


Frente a su puesto estaba, está aún, el edificio de la antigua Secretaría de Comunicaciones y Obra Públicas, mejor conocido como “centro SCOP”, uno de los más deslumbrantes de la capital por sus enormes murales en los que se expone la historia del país. Hoy día el edificio está clausurado tras el sismo de 2017, pero Don Josué, su familia y su puesto de esquites, están mejor que nunca.

Innovar desde la tradición

Aunque son famosos por sus esquites con tuétano, me sorprendo cuando en la fila se nos informa que hay con tocino y con camarón. “Tocino ya es muy de gordos”, le digo a mi acompañante y sí, el efecto es tal que cuando los sirven, nos fluye una sonrisa natural al ver los cubos de tocino entre el epazote y los granos del elote tierno. Sazonados con limón, sal, chile y un poco de mayonesa, mis papilas gustativas aún salivan al recordar ese sabor.


De antaño, los esquites han sido uno de los antojitos nocturnos más comunes en la ciudad, pero Don Josué, que llegó de otras latitudes hizo su aportación: “Un día en Toluca vi cómo preparaban los esquites con longaniza y me dije ‘ah caray, ¿y si lo intento con otros ingredientes?”, así, experimentando, llegó al tuétano, luego al pollo, a los hongos, al tocino, al camarón y al perico (la parte del cartílago de la rodilla de la vaca).


Esa diversidad de sabores ha invadido el gusto de los habitantes de la Narvarte y más allá, porque quienes trabajan por la zona, pero viven a kilómetros de distancia han sido los mejores embajadores de los Esquites Xola y han ayudado el crecimiento del negocio.

La clave del éxito

Pero ¿de verdad estos esquites son tan extraordinarios que la gente espera mínimo una hora por ellos? Sí, son muy sabrosos, pero lo cierto es que en la ciudad muy pocos se han animado a comprometerse con todo lo que implica vender a diario más de 100 kilos de maíz y combinarlo unos con más de 100 kilos de carne, por eso se valoran más.


“Oiga, Don Josué, ¿cómo es que de pronto comenzó a tener tanta de gente?”, le pregunto con ingenuidad y el señor de cabello cano, altura media y trato amable, me cuenta las vicisitudes que no se ven a la hora de atender el puesto:


“No fue ‘de pronto’, al comienzo vendía diez elotes al día y mi cazuela era pequeñita. También me puse un tiempo en la glorieta de Vertiz, aquí cerca, pero fíjese que no pegó, quién sabe por qué y me regresé para acá. La verdad esto ha sido de ponerse todos los días”.



La rutina lo lleva de Santiago Tianguistenco a la Narvarte, de ahí a la Central de Abastos y luego de regreso, aunque en épocas de temporal consigue el elote con campesinos de Toluca: es el cacahuazintle, de diente grande y grueso, el más cotizado de julio a septiembre.


Su ritmo de trabajo es pesado, pero, forjado como comerciante, la satisfacción de la "buena venta" lo compensa todo.

Comunicaciones y Transportes, a favor del negocio

Aunque no tenía clientes de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, son justo esos sectores los que también han contribuido a que los “Esquites de Xola” sean los más famosos de la ciudad.


Al ubicarse afuera de la estación “Centro SCOP” de la línea 2 del Metrobus, que cruza la urbe del oriente a poniente, y de la parada del trolebús que cruza la ciudad de norte a sur, sobre Eje Central, los clientes de otras partes de la ciudad tienen más facilidad para llegar, y no dudan en hacerlo.


Otro gran aliado para la familia Maya, ha sido el internet, pues aunque Don Josué me platica su historia como si fuera la primera vez, lo cierto es que sus respuestas las ha repetido decenas de ocasiones para diversos medios de comunicación: Internet, televisión y radio. No hay otro puesto de esquites del que se haya publicado más en internet como este.


Mientras esperan pagar, algunas vecinas de la colonia cuentan orgullosas que han sido clientas durante décadas; otros, sentados frente al puesto, dicen que antes de regresar a casa pasan por su elote y sus esquites para llevar. Una mujer llegó desde Chalco “solo para que mi madre los pruebe, ella viene desde Chiapas” y, afortunada, se regresó tras media hora de espera.


Los esquites Don Josué están tan arraigados a la Narvarte que la delegación ya no hace por quitarlos, mientras ellos paguen los impuestos correspondientes; incluso, a los dueños de la tienda que les sirve de pared, les conviene su presencia.


Es así, que con más de cuarenta años en la calle, Los Don Josué y su familia nos demuestran cómo a diario se forja el patrimonio gastronómico de una colonia y también de una ciudad.

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