• Natalia P.

A Dios le gusta la comida mexicana

Prometeo robó el fuego del olimpo para los hombres, según la mitología griega. Quetzalcóatl se transformó en hormiga para cruzar las montañas que otros dioses habían intentado mover para llevar el maíz a los aztecas; en un principio los aztecas sólo comían raíces y animales, había montañas que los separaban de este alimento tan benéfico, por lo que pidieron ayuda a la serpiente emplumada quien con inteligencia llevó el maíz hasta ellos, desde entonces los hombres pudieron sembrarlo, convirtiéndose en la base de la alimentación de un pueblo.


De la misma manera que el fuego permitió el inicio de una civilización, el maíz significó la supervivencia de un pueblo y en consecuencia el desarrollo en torno a este alimento. Dios regaló el maíz a los seres humanos, regaló la posibilidad de vivir. Pero ¿por qué Dios haría tal obsequio?


Elena, quien siempre ha asegurado tener un lazo especial con Dios; afirma que una noche estaba sentada en la orilla de su cama cuando lo vio. Una vez que recobró el aliento Elena le preguntó: ¿por qué estás aquí?, él con voz tranquila respondió "conozco tus preguntas."


Entonces él le contó que a lo largo de la historia el hombre ha reconocido los regalos que él ha entregado, dijo: "aunque me dibujan de maneras distintas, reconocen que les di el trigo, a la mujer, el maíz, a los animales, los frutos, tú te preguntas ¿Cuál es la razón por la que hizo Dios tales obsequios? ¡La respuesta es humana!: para que construyan, resuelvan sus problemas, gocen del placer de la comida y no me molesten; el tema es que los seres humanos pueden ser irritantes, a veces me buscan por pequeñeces, les di el maíz, el chile, el fuego, cocinan enchiladas potosinas, enfrijoladas, gorditas de requesón y confieso que hasta a mí me hacen salivar, pero, qué escucho al final del día: ¡Dios comí doble plato de enchiladas! ¡Ayúdame a perder peso! ¿No te parece ridículo Elena?" - ella movió la cabeza ligeramente en señal de afirmación. Él continuó: "por eso quiero pedirte que me consigas una gordita de requesón, una vez que me la coma quizá pueda entender a los seres humanos, entonces así podré darle solución a este problema."


Elena fue a la cocina, calentó en el comal una de las gorditas que habían quedado de la merienda, la preparó con cebolla, salsa verde hecha en molcajete y queso. Dios se la fue comiendo, entendió que lo que les había colocado a los hombres como voluntad quedaba vulnerable ante tal manjar y pensó: "fue un error de cálculo, pero lo solucionaré". Elena se quedó mirando al cielo pensando: a Dios le gusta la comida mexicana.

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