• Leonardo Velázquez; Video: M Studio

Castillos de Luz


Al viajar a cualquier pueblo mexicano uno siente inmediatamente el cambio de “aires”, el ambiente se respira distinto y usualmente surgen aspectos de la cultura que en ciudades difícilmente se encuentran. Hombres y mujeres que literalmente tejen de manera cotidiana la cultura mexicana; en las fiestas, las raíces más puras de México brotan inevitablemente.


En Taxco, Guerrero, tuve la fortuna de presenciar la fabricación de castillos de fuegos artificiales, una experiencia que además de disfrutar de manera excepcional, me hizo pensar en la forma en la que se construyen las fiestas comunitarias en nuestro país. Donde la comida, la música, incluso los “cuetes” tienen un lugar especial.


Desde temprano en la mañana los muchachos que fabrican el castillo llegan con sus “estaquitas” cargadas con todo lo necesario a la plaza donde se instalara el castillo, es un proceso largo y de bastante precisión por lo que se toman su tiempo para afinar todos los detalles, nada puede salir mal. A los muchachos que fabrican el castillo se les nota a leguas el goce de estar creando algo que al final del día contentara al pueblo. Aparentemente, ya no le tienen miedo a la pólvora, manipulan los explosivos como si manipularan cualquier otro objeto, entre tanto trabajar no tienen tiempo de pensar en el peligro, de alguna manera se han acostumbrado a ello.


Bajo los peculiares rayos del sol que bajan desde la montaña hacen y deshacen amarres, cortan, cargan, vuelven a amarrar, ríen y bromean entre ellos. Los más jóvenes, por menos pesados, son quienes escalan por los hombros de sus compañeros para ir formando el castillo, pareciera una escultura que ya fue bocetada, pensando y programando también los colores, piruetas, estallidos, ruidos, formas y tiempos. Conforme el día avanza el castillo comienza a tomar forma, mientras unos arman los rehiletes otros aprietan los nudos para “amachinar” las bases de la estructura. La experiencia se les nota, cada uno completa su tarea. Como en muchos lugares en nuestro país, la comunidad es muy importante, trabajan en equipo, todos ellos son distintos, tienen distintas edades, son personajes únicos, con mayor o menor responsabilidad, todos trabajan todo el día para que, al llegar la noche, el castillo se enciende esparciendo luces desde el centro de la fiesta. Los niños corren entre gritos y carcajadas; los grandes observan el espectáculo disponible solamente el día de la fiesta del pueblo, entre los espectadores y los artesanos que fabricaron el castillo, disfrutan -obviamente- de un buen mezcal.

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