• Laura Páez; Foto: Jesús Almazán

Sabor a Cantina

El sabor de las cantinas es peculiar, pero no me refiero a esas cantinas modernas, hablo de aquellas que guardan un cierto sabor a antaño, aquellas que están más allá de la pretensión, e incluso han perdido popularidad.


Se esperaría que en las cantinas la atracción principal fuera el consumo de bebidas alcohólicas, sin embargo, el menú cantinero es verdaderamente atractivo. Y no solo por la modalidad “Trago-Botana” la cual ya de por si es interesante, sino también por la peculiaridad de la cocina de las cantinas. Si tengo antojo de manitas de cerdo o tortas de pulpo en su tinta, por ejemplo, mi opción seguramente será una cantina. En los centros de las ciudades, como es el caso de la Ciudad de México, hay una infinidad de cantinas que guardan cierto sabor antaño, frecuentemente asociadas con la comunidad española en México, las cantinas son lugares en los que se vive la autenticidad de la cultura mexicana.


En las cantinas se come y se bebe al estilo mexicano, pero también confluyen ahí diferentes expresiones y personajes irreductibles de la cultura mexicana como la música de mariachi, de norteños o algún trio cantando boleros, es igual si hay músicos en vivo o si el sonido sale de una Rockola. En la cantina también confluyen una serie de personajes mexicanos como el bolero, quien lustra los zapatos de sus clientes; el vendedor de billetes de lotería, al guitarrista o al cantante.


En las cantinas no es mal visto ir solo, de hecho, es muy frecuente encontrar a los “solitarios” sentados en la barra, quienes muchas veces llegan hasta ahí buscando una tregua en un mal día. Estar sentado solo en la barra permite un dialogo con el cantinero, o bien encontrar algún otro solitario con quien poder conversar.

Los asistentes a las cantinas son regularmente personas maduras, sin embargo, es común encontrar a jóvenes bohemios que disfrutan del ambiente de cantina. Hay asistentes asiduos, incluso hay algunos desmañados que esperan en la calle la hora de ver abrir las puertas para poder entrar a “curársela. ”


“No importa el día, uno siempre puede llegar y sentirse a gusto, relajado. Aquí resurgimos…”

(Don Faustino)


A todo eso sabe una cantina: a ron con cola, a manitas de cerdo; sabe a Ron con hielos, a cerveza de barril; sabe a nostalgia, a dolor y también a alegría; sabe a una bebida fría contrastada con el calor de una salsa picante. A ustedes ¿A qué les sabe una cantina?


La Resurrección

Mesones #59

Centro Histórico, CDMX


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