• Texto: Laura Páez; Foto: Ariel Ojeda; Audio:

Los cafés del barrio


Si uno quiere conocer un barrio, se puede empezar por ir al café donde los locales se reúnen y se cruzan con los visitantes. Ahí donde llega el vecino de 90 años y al mismo tiempo, turistas extranjeros; ahí donde se viven los contrastes de México: la historia y la tradición, al mismo tiempo que se deja ver la expresión de la modernidad.

Existen lugares, los cuales a pesar de estar llenos de historia, son lugares vivos, testigos del transcurrir cotidiano de su entorno. Más allá de sus características culinarias, estos lugares son valiosos debido a lo que representan para su barrio. Son establecimientos por donde cruza toda la comunidad: la gente mayor que ha vivido en el lugar siempre, al tiempo que lo hacen también jóvenes, mujeres y niños.

Por sus dimensiones y distribución de las mesas, es posible desayunar o comer sentado junto a un desconocido, sin embargo, el ambiente facilita las conversaciones, por lo menos surge la necesidad de saludar al vecino de mesa, mientras uno se deja envolver por el humo del tostador de café, el cual lejos de incomodar, impregna el aroma dulzón del café en la piel, lo que termina siendo una sensación agradable.

Aquellos pequeños cafés, punto de encuentro en una comunidad, son testigos del ir y venir de los flujos de gente al transitar por la calle. Estos establecimientos, se han convertido en un referente de la vida en el barrio, o la colonia; están profundamente ligados a la identidad de una comunidad, siendo capaces de tocar diferentes generaciones y perfiles socio culturales.

El Café Bagdad ejemplifica claramente lo que este tipo de lugares significan para su comunidad. Establecido hace más de 70 años en las entrañas del Centro Histórico de la CDMX, La Merced, es un lugar lleno de historia, testimonio del paso de la comunidad libanesa asentada en México, cuyas aportaciones culturales a la sociedad mexicana son incuestionables, prueba de ello, el propio Café Bagdad.

Sin embargo, más allá de ser una huella de la historia del Barrio de la Merced, el Café Bagdad registra muy bien el pulso de la vida que corre por las calles, lo que le permite dar un seguimiento muy puntual a las necesidades de sus clientes.

El Café Bagdad, como muchos otros, permite la integración de los miembros de su comunidad, esto le permite ser un elemento activo y clave en el desarrollo de la vida cotidiana comunitaria. Se involucra en proyectos que fomenten algún tipo de bienestar local, o que permitan la integración de la Merced al mundo contemporáneo.

Sus características permiten recurrir a proveedores locales, favoreciendo a las pequeñas economías de la zona. Lo cual, implica la posibilidad de tener un mayor cuidado en la selección de sus insumos y la elaboración de los productos que ofrecerán a sus clientes. Así mismo, es posible establecer relaciones personales, entre los distintos actores que convergen ahí: vecinos, empleados, comerciantes, visitantes y gente que trabaja por la zona.

En relación con lo estrictamente culinario, la cocina del Café Bagdad, como la de otros con estas mismas características, está supervisada por una mujer, quien le da una personalidad “casera”, lo que también se manifiesta en el trato que los clientes reciben. Usualmente estos establecimientos, de alguna manera se convierten en una especie de extensión de la casa de los propietarios, por lo que la preparación de alimentos se vuelve un tanto más personal, los clientes tienen rostros y nombres conocidos, de manera que el compromiso por satisfacer, incluso halagar a sus comensales, es aún mayor.

Lo anterior, permite abordar otro aspecto relevante: es muy común que este tipo de establecimientos, sean una manifestación de las estructuras familiares, las cuales son al mismo tiempo estructuras económicas, donde cada miembro de la familia cumple con una cuota de trabajo. De esta manera, el significado de lugares como el Café Bagdad, está relacionado con la identidad familiar y personal de sus propietarios.

El Café Bagdad para La Merced representa mucho más que una simple cafetería, es imposible pensar en la Plaza de la Aguilita, sin pensar en él. Sería difícil pasar por ahí, sin sentir el deseo de pasar al menos por un café. Esto nos da una luz de lo que implica el Café Bagdad para su comunidad y el vínculo tan estrecho que existe entre ambos. De alguna manera se ha convertido en un símbolo, en un elemento que le da identidad a su comunidad.

Yo estoy segura de que ustedes conocen otros lugares como el Café Bagdad, en otras ciudades, barrios o colonias. Cuéntenos al respecto, nos gusta saber de ustedes.

Café Bagdad

Plaza de la Agulita, 4.

La Merced, Centro Histórico, CDMX.

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