• Natalia P.

El hombre de maíz

Existe una frase exacta para entender la cosmovisión de los seres humanos; Jenófanes, filósofo griego que vivió entre el siglo V y IV A.C afirmó “Si los caballos pudiesen pintar pintarían Dioses parecidos a ellos”, las construcciones humanas dependen del tiempo y el espacio en el que nace el hombre, dependen de sus características físicas y del material que tienen al alcance.

En la antigua Grecia concibieron a Prometeo como artesano del ser humano, el Dios Zeus lleno de pasiones humanas desea el elogio para siempre, por lo que ordena la creación del hombre, Prometeo se da a la tarea de buscar la mejor arcilla, con ella lo moldea y Eros le da el aliento de vida, así surge la raza humana para los griegos.


En América sucedió algo similar, el testimonio se encuentra en el gran libro de los mayas, el Popol Vuh, en la primera parte del texto se encuentra la explicación mitológica sobre la creación del mundo. Los Dioses crean el mar, los valles, las montañas, plantas, animales y crean también al ser humano. Los mayas pensaron que los Dioses necesitaban seres que les venerasen. Según el texto, hicieron un primer intento con lodo, pero no era resistente y se deshizo, el segundo intento fue con madera, pero estos hombres resultaron soberbios y se negaron a venerarlos por lo que fueron castigados, el tercer intento fue con maíz, los hombres que resultaron de este intento les agradecieron a sus creadores, ver y sentir perfectamente, situación que no agradó a los Dioses, quienes decidieron a través de un vaho nublar su visión, destinando al hombre a ver sólo lo que está a una corta distancia.

El maíz como elemento constitutivo del hombre dentro de la cultura maya, no es sólo la materia prima, es también lo que nutre al pueblo, es ingrediente fundamental para la cocina mexicana, es lo que creció en tierra mesoamericana y permitió la subsistencia de las comunidades; derivado de ello podemos entender por qué el maíz se consideró el origen de la vida humana.


Cierro los ojos e imagino, me parece percibir el olor de una tortilla recién hecha, el olor de unos esquites hirviendo en la cazuela de barro, unos tamales colocados en la ofrenda del día de muertos o un pan de elote caliente, pienso en el bello color del maíz, pienso en la música del mariachi y en la sonrisa de cualquier niño mexicano.

El hombre se adapta para sobrevivir, sin embargo pasa desapercibido lo que la ingeniosa naturaleza le otorga, la belleza de esta es lo que ha permitido que los seres humanos construyan herramientas para vivir; porque en la naturaleza el hombre se encuentra vulnerable, en desventaja con respecto a otras especies ha construido mitos y religiones, lenguaje, instituciones, ciencia y tecnología. El hombre de maíz sería el símbolo del hombre natural, instintivo y desvalido ante la perfección del universo.










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