La cocina provoca: gusto, aberración, calor, frío, hambre, saciedad, energía, somnolencia, alegría, tristeza.  Ante sus estímulos, sucumbimos, gozamos y sufrimos. Y en este vaivén sensorial que nos provoca, seguimos quedando cautivos.

Aquí escribo para desahogar un poco, lo mucho que celebro y a veces lloro, al comer.